¿Por qué nos gusta tanto WH? Luces y sombras de GW

Hoy me ha dado por reflexionar sobre el hobby. Aviso, tocho va.

Vivimos tiempos convulsos. Tiempos interesantes, como los de la (supuesta) maldición china.

Pandemia, Brexit, crisis económicas consecutivas… todo ello dentro de un contexto de cambio tecnológico vertiginoso, que hace que sea imprescindible adaptarse o morir. ¿Alguien se acuerda de Napster, de Lycos, o de MySpace? Hace mucho, sí, pero no hace tanto, en realidad.

En la era de la información y de lo virtual, donde la nueva aristocracia son nerds (quién lo diría), si me permitís el palabro, casi podría decirse que lo «viejo» no tiene cabida.

Y aquí tenemos a Games Workshop, una empresa de miniaturas de plástico, que bate récords de facturación año tras año. ¿Cómo es eso posible?

No pretendo hablar de los logros empresariales de GW, pero sí del motivo fundamental de su éxito: Warhammer.

¿Por qué nos gusta tanto Warhammer?

Voy a remontarme a mis primeros contactos con este mundillo, y tengo que hablar de tres juegos:

  • Hero Quest: que es un producto de Games Workshop, por supuesto. Con reglas muy mejorables y miniaturas que, lógicamente, han envejecido un poco mal (tampoco mucho, comparadas con otras). Pero que fue producto de masas y que indudablemente me introdujo en el mundo de las miniaturas. Una vez dentro, imposible salir. Y que me introdujo en el subconsciente la siguiente palabra: Citadel.
  • Cruzada estelar: la versión futurista de HeroQuest, aunque en realidad su origen es el famoso Space Hulk. Y que podríamos decir que fue mi verdadero primer contacto con 40k.
  • Battle Masters: de pequeño joven nunca pude tener mi ejército de Warhammer, pero sí conseguí que me regalasen por reyes este juego. Que, por supuesto, también es de GW. No es lo mismo que Warhammer Fantasy, pero… sí es lo mismo, en realidad: un ejército imperial contra uno del Caos, y unidades muy parecidas. Las reglas son mucho más simples, pero me pasé mis buenos ratos jugando con él.

Después pasarían unos pocos años hasta jugar mi primera partida de Warhammer (Fantasy, en este caso) con un ejército prestado. Primera y única. Y luego pasarían varios años más hasta que por fin me lancé al vacío, ojos cerrados y a pecho descubierto, en la droga de plástico.

En cualquier caso, a lo que voy con todo esto es a que estamos hablando de un éxito indiscutible. De algo que molaba hace décadas y que mola cada día más. No son unas reglas, unas miniaturas únicas, ni siquiera un entorno único (casi nada tienen que ver Fantasy con 40k, por ejemplo), pero sí de un único concepto: Warhammer.

Pero Games Workshop no es la única empresa que se dedica a esto. ¿Cómo es posible que esté en la cima desde hace tantísimo tiempo? O dicho de otro modo, ¿por qué nos gusta tanto Warhammer?

Tal vez me equivoque, pero creo que debemos hablar de una mesa con cuatro patas.

1- Las miniaturas

Obvio, ¿no? Un hobby basado en miniaturas sólo triunfa si éstas son buenas.

Pues creo que no es tan obvio. Como decía antes, empresas hay muchas, pero sólo hay una líder indiscutible. Y no creo que GW tenga la exclusiva, ni un desarrollo tecnológico o artístico que no esté a la altura de otras compañías. Que no hablamos de computación cuántica, ¿eh? Hablamos muñecos de plástico.

Además, con unos precios que, se mire por donde se mire, son prohibitivos e injustificados en muchos casos, resulta asombroso el éxito de ventas.

Pero es que la calidad es la que es. Calidad en los detalles, en el diseño (aunque alguna les ha salido rana), y desde que abandonaron el failcast, en el propio plástico. En un sector que parece que no puede evolucionar, lo cierto es que GW sí lo ha hecho: yo también tengo miniaturas metálicas, e incluso recuerdo cuando se las consideraba mejores que las de plástico (¿por ser más resistentes? la verdad es que ahora que lo pienso no lo entiendo muy bien). Si comparamos a un orko del Hero Quest con uno actual está claro que no hay color, y repito, no hace tanto.

Sin embargo, por buenas que sean las minis, GW no vendería ni la décima parte si sólo fuese por el arte. Lo que nos lleva al siguiente punto.

2- El wargame

Un juego sólido, con millones de jugadores y en constante desarrollo y actualización. Nueve ediciones de 40k a lo largo de los años, y las que quedan. Porque una cosa está clara: si el juego no se actualiza, se muere.

Y si se actualiza mal, se muere también. Es lo que pasó con séptima edición de 40k, probablemente la peor que haya visto el juego, y que hizo que mucha gente dejase de jugar (y por tanto, de comprar miniaturas). Si no llega a haber otras tres patas muy fiables, probablemente la franquicia entera se habrá ido al garete.

Como pasó, de hecho, con Fantasy. Llegó un punto en que no bastaba con una renovación, había que hacer un borrón y cuenta nueva, a todos los niveles. Y así, Fantasy murió para dar paso a Age of Sigmar. Ahora parece ser que Fantasy va a renacer de sus cenizas… habrá que verlo.

El caso es que el wargame es tan importante como las miniaturas, o puede que incluso más. Si el juego no es sólido, no se juega masivamente. Y si no se juega, el hobby pasa a consistir en un mero coleccionismo. Con lo que ni en broma vendería tanto.

Pero un juego no es sólo un puñado de reglas. Éstas tienen que tener un sentido. De lo contrario serían sólo un puñado de consecuencias de sucesos estadísticos. No, la fase de disparo se llama así porque las unidades «disparan», aunque la mecánica sea la misma que en la de combate: tirar dados y ver qué pasa. Es decir, hay un argumento detrás de esas reglas. Todo un mundo, a decir verdad…

3- El mundo

El mundo que se han creado. Me niego a llamarlo lore y no encuentro una traducción directa. Y creo que tampoco se le puede llamar trasfondo.

Porque es algo más.

Si nos ceñimos a 40k, en realidad, la base del trasfondo es todo el drama del Emperador y los Primarcas. Es decir, si hablamos de facciones, sólo podríamos hablar de una en particular.

El mundo que se ha creado es mucho más rico que el trasfondo en el que se basa. Tenemos multitud de facciones con sus propios personajes. Y tenemos un entorno fantástico maravilloso, muy coherente dentro de lo que es una fantasía. Hablo de 40k, del Viejo Mundo (Fantasy) y del nuevo, o como se llame ahora (Age of Sigmar).

Este mundo no ha sido creado en dos días. De hecho, creo que ha sido un poco una casualidad afortunada por parte de GW, porque estoy seguro de que nunca fue un plan o un objetivo, ni siquiera a largo plazo; vamos, que no fue aposta. O tal vez haya crecido de forma natural, partiendo de una semilla bien plantada, y extendiendo sus ramas en el tiempo de la forma más robusta posible, convirtiéndose en un árbol que ya resulta imposible de talar.

El caso es que, visto en perspectiva, es el mismo mundo fantástico en el que nos movemos desde hace décadas. Y por eso empecé hablando de esos juegos clásicos. En su momento me vi absorto en ese mundo maravilloso, lleno de aventuras, y estoy completamente seguro de que no he salido de él. Supongo que nos pasa a todos lo mismo.

Curiosamente, la propia GW nos da un contraejemplo de un mundo que NO han creado ellos y cuyo juego no termina de cuajar, siendo mucho más rico y con más seguidores: el de El Señor de los Anillos. Buenas minis y un mundo inmejorable. Me imagino que la pata que falla es la del wargame.

El de Warhammer es un mundo tan basto y tan rico que resulta abrumador. En él tienen cabida infinitas historias. Infinitos trasfondos. Y por tanto, infinitos juegos y productos. Lo que de nuevo me lleva al siguiente punto.

4- Productos asociados

Aquí está la clave de todo. Como ocurre con cualquier franquicia potente, no debe limitarse sólo a su núcleo duro: películas en el caso de Star Wars, libros en el caso de Harry Potter o El Señor de los Anillos, cómics en el caso de Marvel y DC

La salida de más material no sólo enriquece el mundo creado, sino también es una fuente de nuevos fans. En el caso de Warhammer, muchos llegan por las miniaturas (visualmente son un atractivo muy poderoso) y se quedan por el trasfondo. Pero con otros fans ocurre justo al revés: llegan por un videojuego y se finalizan enganchando al crack de plástico.

La gran cantidad de novelas también ayudan bastante, y cuando las series mainstream sean un hecho, podría incluso ocurrir que el hobby principal, el de las miniaturas, pase a un segundo plano. Ya se verá.

Las sombras de GW

A lo largo de los años son muchos los ejemplos en los que GW no ha hecho las cosas bien. Ya he adelantado el fiasco que supuso a nivel de reglas la séptima edición de 40k. Y no fueron pocos los detractores del «fin de los tiempos», como así se llamó a la desaparición del Fantasy.

Por desgracia, el modelo actual es difícilmente sostenible, y conlleva algunas malas praxis que en algunos casos son inevitables. Podríamos listar las siguientes:

  • Precios desorbitados. Injustificados por mucha calidad que tengan las minis.
  • Demasiado «cariño» a las facciones principales. O sea a las que más venden. En el caso de 40k, a los marines. Es inevitable desde el punto de vista del negocio, pero supone muchos jugadores descontentos.
  • Reglas desequilibradas: la constante evolución del juego hace que las reglas no estén todo lo equilibradas que debieran. Pese al esfuerzo de actualización que realizan, sobre todo en los últimos años, no es suficiente.
  • Un exceso de productos: que hace que en ocasiones unos no sean coherentes con otros. Por desgracia, el monstruo ya es demasiado grande como para intentar enmendar los errores.
  • El Brexit: que inevitablemente afecta a las ventas. GW ha puesto toda la carne en el asador para que las consecuencias sean mínimas, pero la realidad es que no lo ha conseguido. Tal vez, por muy británica que sea, tendría que haber movido toda su infraestructura productiva a otros países.
  • Poca cobertura a determinados mercados: en el especial al hispanohablante. Un mercado inmenso y que se ha visto ninguneado, junto a otros como el italiano. No hablo sólo del despropósito de las traducciones, en particular me refiero al abandono incomprensible de los países latinoamericanos.

Con todo esto en mente… ¿cuál es el futuro?

Sede de Games Workshop
Sede de Games Workshop en Nottingham

El futuro de Warhammer y Games Workshop

A ver, no voy a jugar a ser adivino porque fallaré irremediablemente.

Pero sí creo que hay varios puntos clave a tener en cuenta.

El primero, que el éxito del juego, y por tanto de la empresa, irá de la mano de las reglas. Si éstas se actualizan a tiempo y consiguen mantener el juego más o menos equilibrado, el juego no morirá. Por «el juego» me refiero sobre todo a 40k, pero lo mismo puede aplicarse a AoS (¿y a Fantasy?); El Señor de los Anillos lo doy por perdido, desde mi desconocimiento, sospecho que aquí simplemente es rentable porque vende minis, pero ya.

La cosa no va a ser fácil, pero la política de los últimos meses o años ha ido en la dirección correcta. Veremos si lo consiguen.

El segundo, que la escalada de precios tiene que detenerse. Ya no son sostenibles nuevas subidas, en un contexto de crisis económica y con el Brexit dando por saco. Sobre todo teniendo en cuenta la gran amenaza de las impresoras 3D. Si hay un nuevo aumento de precios, me temo lo peor. Ya se verá.

Y el tercero, que en realidad creo que lo mejor está por venir. Cuando este mundo sea mucho más viral, todo será bueno (si consiguen que no se les vaya de las manos), al menos para el fan. Más material, más inversiones en productos que molan, más de todo.

Esta mesa de cuatro patas es bastante firme y creo que se sostendrá incluso si una de las patas flaquea. No hay motivos, a día de hoy, para pensar que algo así vaya a ocurrir, a menos que empiecen a cagarla a lo grande en alguna de las amenazas que he comentado.

En fin, hasta aquí esta larga reflexión. A ver qué nos depara el futuro. Mientras tanto, que rueden los dados.

3 comentarios en “¿Por qué nos gusta tanto WH? Luces y sombras de GW”

  1. Pingback: 2derogatory

  2. Buen análisis. Tú crees que GW bajará los precios? Estoy tan acostumbrado a que los suba que no me lo imagino bajándolos. De bajarlos tendrían que estar muy con la soga en el cuello, principalmente, como has citado, debido a la impresión 3D.

    1. No, no creo que los vayan a bajar. Pero sí creo que tendrán que dejarlos estancados en algún momento. Cuando la impresión 3D sea un fenómeno masivo, si quieren seguir vendiendo será porque tengan la calidad y exclusividad suficientes. Si suben precios, pueden empezar a perder clientes que ahora son muy fieles. Ya veremos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio